Picasso y los Beatles

Gonzalo de las Casas, Tres musicos, 1993
Lo lamento de veras, Picasso nunca pintó a los Beatles. Se podía haber ahorrado aquel cuadro de la Guerra de Corea, peaje de su militancia por la paz de Moscú, la misma paz que encarnaba aquella palomita suya que adornaba los saraos del pacto de Varsovia y las habitaciones de progres y compañeros de viaje. Picasso debió dejarse de melonadas y palomas y pintar a los Beatles. Eso si que hubiera sido un internacionalismo pacífico y consecuente. Y desde luego no tengo ninguna duda que las posibilidades cubistas de una batería o una guitarra eléctrica, o mejor aún, el bajo Höffner de Paul McCartney, son más interesantes que las armas marcianas y bioquímicas del cuadrito de Corea. Donde va a parar.

Pablo Picasso, Matanza en Corea 1951
De esta pifia picassiana hablábamos el pintor Gonzalo de las Casas y yo una tarde fría de febrero de hace ya demasiados años. Pero la cosa no quedó ahí, fue a mayores, y semanas después Gonzalo volvió por el estudio con un pequeño cuadro embalado en papel de periódico. -Los Beatles- me dijo. Y sí , allí estaban, y a lo Picasso ciertamente, pero fijándome bien reparé en que faltaba uno y ni siquiera aguzando la vista para sortear las trampas cubistas, conseguía encontrarlo. Cuando le pregunté al pintor este se encogió de hombros. Tras unos segundos de silencio replicó -¿Qué más da? Es un boceto. No te preocupes que en el cuadro que estoy preparando estarán los cuatro-.
Aquella noche soñé con el futuro cuadro y todo se confundía. Los Beatles aparecían armados de lanzallamas y ocultaban sus rostros con caretas animalescas, las mismas que lucían en la portada del Magical Mistery Tour. Picasso, en calzoncillos, cantaba a grito pelado junto a ellos el I am the Walrus y golpeaba furioso con sus pinceles cargados de pintura los platillos de la batería de Ringo. Me desperté espantado.

Pasó el tiempo y el cuadro prometido se fue aplazando y aplazando. Como suele ocurrir cuando se fía tan largo nunca vio la luz, o tal vez yo no me enteré. Me consolaba con el boceto que desde entonces adorna una de las principales paredes de mi koljos.
Tiempo después supe de la existencia de otra pequeña pintura de Gonzalo de las Casas con Picasso y los Beatles como pretexto. No me fue fácil dar con ella, pues nuestro pintor es especialmente celoso a la hora de dar a conocer sus cuadros. Al contemplarla extasiado en un garito del barrio de Delicias no pude evitar que mi emoción se desbordara. Allí estaban por fin los cuatro de Liverpool tocando y posando frente a Picasso en la Californie. Aunque el tamaño de la tela era reducido se distinguían perfectamente algunos detalles reveladores y exactos, como el bajo de Paul, la narizota de Ringo, o el típico sueter a rayas de Picasso.
Tan solo puedo lamentar de ese día feliz que, pese a mis jugosas ofertas por la pintura, su propietario no quisiera vendérmela. Pero no desisto y confío que la dureza de la crisis que padecemos siga haciendo mella en su maltrecha economía y por fin le haga entrar en razón.

Gonzalo de las Casas. Picasso pintando a los Beatles, 1994
Coda. En 1973, el año que murió Picasso, se cumplían cuatro años desde la separación de los Beatles. Por entonces Paul McCartney, tras un par de discos en solitario, lideraba un nuevo grupo, The Wings, y se estrujaba la mollera en la composición de las canciones del LP Band in the run, que aparecería un año más tarde. En la cara B se presentaba la canción Picasso´s last words (Drink to me)
Su origen, tal y como ha contado su autor, tuvo lugar en Jamaica, en un party en el bungalow alquilado por el actor Dustín Hoffman que, junto a Steve McQueen, rodaba por entonces en el país caribeño la película Papillon.
Según ha contado el propio McCartney todo surgió cuando Dustin Hoffmam le preguntó por su manera de componer las canciones. Paul, siempre tan vanidoso, respondió que su facilidad era innata, mágica, y que bastaba cualquier cosa, cualquier idea, cualquier imagen, para inspirarle de inmediato una canción. Lo suyo era un don de los cielos. Dustin Hoffman le retó de inmediato ofreciéndole como motivo de inspiración un ejemplar de la revista Time que descansaba sobre una mesa. McCartney lo hojeó y encontró allí la noticia de la muerte de Picasso. El periodista contaba que las últimas palabras del pintor antes de morir la noche del 8 de abril de 1973 fueron: Beber por mi, brindar a mi salud, que yo ya no podré volver a beber. Aquella historia dionisiaca debió ser muy de su agrado pues inmediatamente, y para pasmo de Dustin Hoffman, tomó una guitarra prestada y comenzó a improvisar unos acordes. Instantes después canturreaba aquellas palabras finales de Picasso acompañándose también de golpecitos sobre la mesa para marcar el ritmo. Así nació la canción Picasso´s last words (Drink to me), que meses después sería grabada en el estudio de Ginger Baker en Lagos, Nigeria.
La canción, seamos sinceros, no es para tirar cohetes, y eso que el homenajeado es ni más ni menos que el gran Picasso. Una lástima. Al menos es la más larga de todas las que componen el álbum, algo más de cinco minutos. Si tienen ese tiempo no dejen de escucharla y al tiempo cumplir con el mandamiento de don Pablo y beberse una copa en su honor. Un tequilita creo que sería lo más apropiado.
Habla de la relación de Picasso con las mujeres, de como un hombre bajito, calvo y feo era como imán para la mirada de las mujeres...
http://www.youtube.com/watch?v=Kc2iLAubras&feature=related
A Picasso todo esto le parecería una chirigota indecente. Seguro que aquella tarde de julio, como desagravio a la profanación del coso madrileño, él sentaría sus reales en alguna plaza de cuarta del sur de Francia. Acompañado, claro está, por Jaqueline que le sostenía la sombrilla a fin de impedir que se le quemara la calva y el majadero de Cocteau. Y tan felices, todos deleitándose con la faena mediocre de alguno de sus toreros de corte. Me ahorro los nombres.
¿Sabemos algo de los gustos musicales de Picasso?.
¡Hay si Linda Eastman, compañera de Paul, levantara la cabeza y viera lo que esta pasando con Kodak!




